Cerca de 300 policías federales de las divisiones de Fuerzas Federales, Gendarmería y Seguridad Regional se rebelaron en contra de su traspaso a la Guardia Nacional, se amotinaron en la sede de la corporación en Iztapalapa y se negaron a participar en las pruebas que se les aplicarían en la Base Aérea de Santa Lucía y en el Campo Militar número 1.
Los policías demandaron respeto a su antigüedad y grados, prestaciones laborales y un bono de operatividad por 9 mil 800 pesos. Además, exigieron no ser evaluados para su incorporación a la Guardia Nacional. Como parte de sus acciones, bloquearon diversas vialidades en la CDMX (Periférico Sur, la autopista México-Pachuca, y los cruces de Río San Joaquín y Legaria, Constituyentes y Avenida Las Torres), y convocaron a un paro nacional.
Durante la protesta, Patricia Trujillo, mando de la Policía Federal en la Guardia Nacional, intentó ingresar a las instalaciones. Los policías la rodearon. Hubo empujones. La funcionaria cayó durante la movilización.
Pasado el incidente, Trujillo ofreció a los manifestantes que dialogarían con Alfonso Durazo, Secretario de Seguridad, y recibió un pliego petitorio de nueve puntos por parte de los inconformes. Las demandas se centran en que no existió la suficiente información para el traspaso de los elementos a la Guardia Nacional, así como la necesidad del respeto a sus antigüedades, jerarquías, al pago de la operatividad, los descansos y los riesgos de trabajo.
Nunca en la historia del país se había visto algo similar. La Policía Federal, desde su existencia, se ha distinguido por ser la mejor corporación civil en el país, y sus integrantes han demostrado en diversas ocasiones que su disciplina y formación son ejemplares. Esto, sencillamente, es una crisis para el gobierno.
Mientras esto ocurría, el presidente Andrés Manuel López Obrador subía a sus cuentas de redes sociales un video en el que presumía que había tenido tiempo de ir a practicar beisbol. La insensibilidad, el menosprecio.
En un frente distinto, la esgrimista Paola Pliego dio a conocer que, tras sentirse decepcionada y abandonada por las autoridades deportivas mexicanas, adquirió la nacionalidad uzbeka. Poco antes de los Juegos Olímpicos de Río 2016, a Paola le avisaron que no podría competir en la esgrima de la justa deportiva por arrojar positivo en modafinilo tras una prueba de dopaje. Sin embargo, una segunda muestra evidenció que se trataba de un error. No obstante, la mexicana tuvo que renunciar a su sueño, y luego de tres años borrada de la delegación mexicana, ahora representará a Uzbekistán.
Paola anunció que adquirió la nacionalidad uzbeka cansada del nulo apoyo del Comité Olímpico Mexicano y de la CONADE, y ante las trabas y bloqueos que enfrentó tras su presunto caso de dopaje por parte de la Federación Mexicana de Esgrima. Paola también enfrentó una batalla legal desde 2016, sin mayor éxito. “El deporte mexicano me ha decepcionado”, dijo. Esto, sencillamente, también es una crisis para las autoridades deportivas mexicanas.
Y mientras esto ocurría, la titular de la CONADE, Ana Gabriela Guevara, se pasó la mañana del miércoles acompañando a una paisana suya a sacar su pasaporte en una plaza comercial de la CDMX. Distintas referencias periodísticas señalan que “su presencia fue vital en este caso, ya que la joven a la que acompañó llegó tarde a su cita, por lo que fue rechazada por el vigilante. Minutos después, la titular de la CONADE hizo cambiar de opinión al vigilante, que al reconocerla dijo que se trataba de una cita extraordinaria, cuando no era verdad”. La insensibilidad, el menosprecio, la soberbia y el influyentismo.
Otro hecho reciente: mientras se presentaba el informe de trabajo del Sistema Nacional de Búsqueda, una mujer se arrodilló frente al presidente López Obrador suplicando por ayuda para encontrar a su hijo desaparecido en Tamaulipas. Ni el presidente ni nadie de su gabinete mostraron sensibilidad para no permitir a la mujer permanecer de rodillas. Al contrario, la dejaron expresar su súplica de rodillas.
Tres hechos que muestran de cuerpo entero la nueva forma de gobernar en México: la insensibilidad, el menosprecio y, lo peor, la soberbia.
Lo que decían que no ocurriría en este sexenio se ve con frecuencia. Quienes decían que eran diferentes resultaron ser iguales, o peores.
Las autoridades parecen no entender que los mexicanos no votaron por eso, sino que entregaron su voto por un cambio que en la realidad está muy lejos de ocurrir en México. Parecen no entender que lo que se necesita en México no son palabras expresadas en conferencias de prensa “mañaneras”, sino hechos tangibles que muestren una verdadera voluntad de cambiar las cosas.
La sensibilidad es básica para gobernar. Los dictadores carecen de ella, porque consideran que sólo sus ideas, palabras y emociones tiene valor. De los gobernantes depende cómo quieren gobernar y cómo quieren pasar a la historia.
