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Desde San Lázaro. ¿Frustrada embestida empresarial?. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

04 Jun 2018
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Ahora, ya no solo tienen que enfocarse en hacer un negocio rentable, sino que están obligados a impulsar la participación activa en la vida política del país, además de llevar a cabo una campaña para lograr sus objetivos universales, razonen y su voto .

Son los grandes empresarios, los que realmente están creando los empleos formales y los que se han colocado en México entre las principales economías del mundo, los que se atrevieron a manifestar sus inquietudes sobre el eventual arribo a la presidencia de la República de Andrés Manuel López Obrador .

De ninguna manera este esfuerzo ha sido infructuoso, al contrario ha permitido que un gran sector de la sociedad esté haciendo su voto en función de lo que les conviene a ellos y por supuesto al país.

Además, lo hacen como una autentica respuesta, ante las agresiones directas del candidato de Morena que, primero, pretende desacreditarlos, después, si llega a Los Pinos, expropiar sus empresas y criminalizarlos.

Ante este  mayúsculo riesgo, lo menos que tienen que hacer es defenderse y por supuesto, desde sus trincheras,  impedir que esa amenaza se cristalice.

Nunca, en una campaña presidencial habían sido abiertamente agredidos los grandes empresarios por un candidato que se ha encargado de polarizar a la sociedad y estigmatizar al sector empresarial, como malignos, mientras que los pobres representan la bondad.

Al enraizar esta idea en el colectivo se justifica cualquier cosa para acabarlos.

Entonces ante esta real amenaza,  por qué los Claudio X González, Germán Larrea Mota, Alberto Bailleres, Eduardo Tricio Haro y Alejandro Ramírez Magaña, no se van a defender sí fueron acusados directamente por AMLO, de conspirar en su contra.

Qué quería el tabasqueño, que se quedaran callados y resignados a enfrentar lo que parece irremediable.

EL Consejo Mexicano de Negocios desde el 3 de mayo en un desplegado en la prensa, hizo un enérgico llamado a que cesen los ataques personales y las descalificaciones infundadas contra el empresariado. Además de impulsar abiertamente una campaña sobre el razonamiento del voto.

Se habla de que ha sido frustrada la embestida empresarial que se pronunciaba por la declinación de José Antonio Meade en favor de Ricardo Anaya, cuando desde hace varias semanas ya se invirtieron sus posiciones en las encuestas.

El desencuentro no va quedar solo como un suceso anecdótico, sino necesariamente tendrá repercusiones funestas para el país si gana Andrés Manuel. Si pierde, de todas maneras es necesario fortalecer el estado de derecho para blindar aún más a la propiedad privada e incentivar al emprendedurismo y al sector empresarial. 

En pleno siglo XXI cuando se suponía que ya estaban erradicadas las prácticas que tanto daño hicieron a la sociedad y a la libre empresa,  como la expropiación, la rectoría del Estado y el proteccionismo, resurgen, no solo en México sino en varias regiones del mundo como en los Estados Unidos, con fuerza inusitada, impulsadas por líderes populistas y falsos redentores.

Es en este contexto, es precisamente por lo que hay que evitar todas las luces que llegan al poder para un hombre como López Obrador que está esperando el momento para aniquilar sus sustractores.

Bien por los empresarios que no solo defienden su patrimonio sino el trabajo de millones de mexicanos, quienes, por cierto, tienen la suerte de tener ese privilegio.

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