Esa noche será la más larga del calendario político electoral del país. Con la población en el Instituto Nacional Electoral de los primeros resultados de las elecciones presidenciales que, independientemente del ganador, sobre todo si fue Andrés Manuel López Obrador, se abrió la puerta de un conflicto postelectoral de consecuencias impredecibles.
Así es, la noche del 1 de mayo podría ser la más negra de la historia moderna de México o, en contraparte, se dio la vuelta a los primeros pinceles en el lienzo de México, de la nueva era en la que dejaremos de ser un país tercermundista y dejar de pertenecer al grupo de economías emergentes.
De acuerdo a las encuestas y considerando que el resultado fue muy apretado, es decir que no hay un alcalde a 3 puntos porcentuales, pueden ocurrir dos escenarios; la victoria de AMLO o su derrota. Si gana el tabasqueño, tiene sus adversarios aceptados el resultado y por lo tanto no se ha declarado en el conflicto electoral electoral, aunque al país haya habido un retroceso de alcances incalculables.
Si pierde López, entonces desde el primer segundo del 2 de julio, el INE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación está en las principales instituciones en ser atacado desde todos los frentes por sus simpatizantes
Desde plantones, marchas, manifestaciones hasta el llamado a la violencia es lo que se vislumbra y se sabe desde ahora. Sí en 2006 se paralizó el corazón de la CDMX, con el plantel de Reforma que ocasionalmente, millones de personas en la industria artística, amén de los kilómetros de pérdidas por innumerables negocios afectados por la inanición de clientes, ahora es capaz de cerrar instalaciones estratégicas del gobierno y de particulares para sembrar el caos y la escisión social.
Nada de lo que sucederá antes de la derrota del Peje tiene antecedentes que lo comparen con lo que piensan hacer en esta ocasión a la derrota en las urnas.
Ojalá que la promesa del consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova en el sentido de que no haya fraude y las presas del sistema, pueda atenuar la virulencia del siempre puntero de las encuestas, aunque el eterno perdedor.
También por allí, y la idea de llamar a los cuatro candidatos presidenciales; José Antonio Meade, Margarita Zavala, Ricardo Anaya y Andrés Manuel López para que firmen un acuerdo para respetar los resultados, cuando se sabe por experiencia que el último no se haya otorgado el mandato de las mayorías dado en las urnas.
Lo menos importante es que las inconformidades se canalizan por la vía institucional, a través del Tribunal Electoral, "lo grave que puede buscarse en el país, para desconocer los resultados".
Claro a las dos terceras partes partes de los mexicanos no responden a la convocatoria, al contrario, hacer cualquier intento de manipulación y sobre todo hacer un reclamo generalizado por el respeto a los resultados de la elección y las instituciones.
No basta con la declaración ni los llamados de que no haya fraude ni las funciones del sistema, se requiere, el primero evidenciar las aviesas intenciones de Andrés Manuel López Obrador por desestabilizar el país si los resultados no le son favorables. Esto es lo que hay que revelar ante la opinión pública. Cualquier cosa solo como las llamadas a misa.
