Divide y vencerás, reza el dicho y efectivamente, la decisión de 10 gobernadores de abandonar las filas de la Conago, debilita este organismo cupular de los jefes del Ejecutivo Estatal, al tiempo de retornar a los tiempos en que cada uno, de forma aislada, veía por los asuntos de sus entidades.
Cierto, ante la cerrazón y la indiferencia del presidente de México, prefirieron crear otro espacio de interlocución que, a decir de ellos, será más eficaz que la propia Conago.
El actual presidente de la Confederación Nacional de Gobernadores, Juan Manuel Carreras, de San Luis Potosí, es el menos culpable por la dimisión, al contrario, el pugnó desde su nombramiento, cerrar filas y en unidad buscar un mejor trato por parte de la Federación a sus reclamos.
Lo que subyace en esta ruptura es que se trastoca el respeto a la soberanía e independencia de los Estados que ha sido a lo largo de décadas, la base fundamental para que la Federación se consolide como el núcleo cohesionador fundamental de la nación y por ello, también representa un alto riesgo, que esta alzada de gobernadores no fracture el federalismo, porque sin duda representa un peligro para la existencia de la República, vista como un ente que agrupa a las 32 entidades.
También en el debate está en el poder centralista que pretende imponer AMLO, incluso, en franca violación al federalismo.
Este arreglo institucional que se distingue por la división de poderes, está en riesgo con el gobierno de la 4T
El principal reclamo de los gobernadores de todos los partidos, es por recursos presupuestarios, ya con el reparto de las participaciones, ya con los fondos de contingencia, los de salud o los de la seguridad pública, etc. y que ha decir de ellos reciben mucho menos de lo que aportan a la Federación.
Lo cierto es que siempre está presente, entre la agenda cotidiana de un mandatario estatal, la visita de las “siete casas”, es decir recorrer todas las dependencias federales, empezando por la presidencia de la república, en búsqueda de apoyos para sus entidades y es allí, dependiendo de la habilidad de cada uno, como se logran los apoyos.
Con López Obrador se cerraron todas las puertas de acceso a esos programas y recursos y no porque estuvieran vetados los gobernadores, no, simplemente porque las arcas de la nación están vacías.
Solamente se tienen fondos para cubrir los compromisos establecidos para cubrir las nóminas, los intereses de la deuda, pensiones, deuda, rescate de Pemex y seguir en la construcción de las tres obras insignia de esta administración; Dos Bocas, Santa Lucía y Tren Maya.
Desde luego, la nula voluntad política de AMLO por apoyar a las entidades, fue el factor que dinamitó a la Conago.
Diremos, también que las elecciones intermedias del próximo año, es otro factor de quiebre entre los gobernadores, quienes varios de los disidentes, dejarán el cargo, el otro año y por ello, también requieren que el proyecto político al que representan, se mantenga en el poder, en sus estados.
Los gobernadores disidentes que salieron de la Conago son del PAN, PRI, PRD, MC, y un independiente, ahora se agrupan en una Alianza Federalista y paradójicamente, representa una amenaza real al Federalismo y a fuerza de ser sinceros, no por culpa de ellos, sino por el desdén y centralismo del presidente López Obrador.
Aguascalientes (PAN), Chihuahua (PAN), Tamaulipas (PAN) Coahuila (PRI), Colima (PRI), Durango (PAN), Guanajuato (PAN), Jalisco (MC), Michoacán (PRD) y Nuevo León, (Independiente), son las entidades que han abandonado a la Conago por decisión de sus gobernadores.
