La aparición de un par de videos en los que se ve a David León, extitular de la Coordinación Nacional de Protección Civil, entregando dinero a Pío López Obrador, cambió el guión que se había escrito en Palacio Nacional para catapultar el tema del combate a la corrupción a través de las declaraciones del exdirector de PEMEX, Emilio Lozoya.
El plan era simple y básico. El gobierno exhibiría, dosificadas, las declaraciones de Lozoya en las que inculpaba a medio mundo de diversos hechos de corrupción. Se daban por ciertos sus dichos, y más de una docena de personajes resultaban salpicados y manchados de corrupción. No quiere decir, en todo caso, que no o que sí lo fueran, pero lo criticable era el uso y el manejo propagandístico para fines de beneficio gubernamental.
Sin embargo, al aparecer los videos de Pío López Obrador recibiendo dinero, el plan tuvo que modificarse. Evidentemente, a alguien no le pareció buena idea que se difundieran las declaraciones de Lozoya.
Algunas versiones señalan que desde 2015, una vez pasada la elección intermedia, un alto funcionario del gobierno de Enrique Peña Nieto le propuso al entonces mandatario usar alguna información con que se contaba para “bajar” a López Obrador. Los videos de Pío recién divulgados serían cacahuates en comparación con el material que el gobierno de Peña Nieto recopiló de Andrés Manuel López Obrador y su familia.
Las mismas versiones apuntan que el presidente Peña Nieto se negó a usarlas, pero actualmente son la garantía del exmandatario de que López Obrador no hará nada en su contra. Dos o tres altos funcionarios del gobierno anterior también serían beneficiarios del acuerdo entre Peña Nieto y López Obrador.
No obstante, al presidente López Obrador le empiezan a aparecer los problemas familiares vinculados con posibles casos de corrupción. El primero fue el de su hermano Pío, quien después de la aparición de los videos se ha desaparecido. En el gobierno le apuestan al olvido y el tema no se menciona más. A partir de la divulgación de los videos, el tema de las declaraciones de Lozoya bajó de perfil, y en cambio el gobierno subió el volumen al tema de la consulta popular para que los expresidentes sean juzgados. Con esa consulta, López Obrador busca, principalmente, cubrir de lodo a su principal adversario: Felipe Calderón.
Lo cierto es que para juzgar a un expresidente no se requiere una consulta. Bastaría con que se presentara una denuncia concreta en un Ministerio Público, y que éste lo turnara a un juez. Pero la consulta popular brinda otras posibilidades y permite el montaje de un show.
Los otros hermanos del presidente no cantan mal las rancheras. La esposa de Ramiro López Obrador, Concepción Falcón Montejo, quien hasta la semana pasada era la Síndico de Hacienda del Ayuntamiento de Macuspana, Tabasco, ha sido señalada junto con el expresidente municipal, Roberto Villalpando Arias, por un desfalco de 200 millones de pesos. El Ayuntamiento en su totalidad renunció y ahora se realiza una investigación por el desfalco.
Ante este panorama, legisladores de oposición acusaron al gobierno del estado, encabezado por Adán Augusto López, y al Congreso estatal dominado por Morena, de encubrir la corrupción en la entidad.
En Palacio Nacional, el presidente López Obrador dijo no saber nada al respecto, pero que si le hubiesen informado él mismo habría aceptado que se procediera en contra de su cuñada. El mandatario no ofreció investigar más sobre el tema, y se limitó a denostar al periódico que publicó la información.
La más reciente información sobre vínculos de familiares del presidente con probables hechos de corrupción tiene que ver con su nuera, Carolyn Adams. La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas habría cedido 2.5 hectáreas de terrenos a la empresa inmobiliaria en la que trabaja la esposa de José Ramón López Beltrán. Carolyn Adams es la madre del único nieto del presidente López Obrador.
“Si un familiar comete un delito, debe ser juzgado, sea quien sea. El pueblo quiere que no haya influyentismo, nepotismo, amiguismo, ninguna de esas lacras”, ha dicho el presidente. Quizás es tiempo de que empiece a honrar su palabra, y que sus familiares, que salieron buenos para los “negocios”, aclaren todos estos hechos que huelen a corrupción.
