Síguenos en:

Desde San Lázaro. El 2018-2024, es de Meade. Por Alejo Sánchez Cano Destacado

22 May 2018
384 veces

Cuántas realidades se pueden observar sobre un evento, innumerables. De igual forma, en el segundo debate presidencial, cada candidato asevera que ganó y sus seguidores y jilguerillos se rasgan las vestiduras por su jefe.

Ya lo decía Campoamor en su cuarteta celebre: “En este mundo traidor nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

Bajo la óptica de mi cristal, yo vi cinco candidatos y un moderador. Observe como Yuriria Sierra se trepó al cuadrilátero y se puso los guantes. Soltó chingazos y lanzó loas a una ausente, Margarita Zavala.

El lamentable espectáculo que dio la conductora dio al traste con un debate que con el nuevo formato se antojaba ser atractivo. Eso y dizque la participación del público fueron una burla a los electores y un retroceso en el diseño de los debates.

Mal por el INE que comanda Lorenzo Cordova, pésimo por los representantes de todos los partidos políticos y del propio candidato independiente que avalaron a los dos moderadores y la participación acotada del auditorio.

¿Será muy difícil escoger a un solo moderador que no le quite el tiempo al debate y que sus afanes protagónicos no se desborden?  El propio León Krause hubiera sido el adecuado.

Ya entrado en materia, los temas tratados y las alternativas de solución dieron pie a un aspirante a la presidencia que no solo tiene los conceptos teóricos, sino que tiene el expertis para hacer un adecuado diagnóstico y sobre todo, formular acciones, con conocimiento de causa, sobre cuál es la mejor opción para atender, por ejemplo la relación con Donald Trump,  el tema de los inmigrantes o bajo qué enfoque tratar el asunto del trasiego de drogas, armas y dinero.

El haber sido secretario de Relaciones Exteriores en una gestión exitosa que le da a Meade Kuribreña un hándicap extraordinario sobre sus adversarios políticos, quienes, por cierto,  solo atinaron a balbucear una serie de ocurrencias que de llevarlas a cabo, se fracturaría, en primera instancia, la relación con Estados Unidos y, en segunda, pondría a millones de mexicanos, de aquí y de allá, en terribles condiciones de vulnerabilidad.

Ricardo Anaya tiene conceptos teóricos aceptables que, sin embargo,  llevados a la práctica son inviables. El candidato del PAN, PRD y MC se prepara, hace la tarea, pero al llevar sus propuestas a la ominosa realidad, pues no dejan ser buenos deseos.

Solo un ejemplo. El llamado niño Maravilla pomposamente apuntó que él  abriría la frontera sur para todos los centroamericanos que quisieran internarse a nuestro país. Cómo se ve que no se ha dado una vuelta por esos lares, en donde los Mara Salvatrucha han sembrado el terror y mantienen asolados a miles de habitantes del sur del país.

Entre Andrés Manuel López Obrador y Jaime Rodríguez me quedo con el Bronco en cuanto a propuestas que la mayoría son poco ortodoxas, pero  tienen cierto sentido de viabilidad. Es más simpático y mejor orador que el tabasqueño.

Uno, se observa relajado y bromista, el otro, torpe y enojado.

El Peje: grosero y soberbio. El Bronco,  simplemente disfruta sus momentos de gloria.

Si ambos tuvieran el piso parejo y con el mismo tiempo en campaña, sin duda, el Bronco sería mejor candidato que López Obrador.

Qué bueno que el debate se transmitió por  televisión abierta y en el canal de las estrellas y casi en horario estelar, para que la población se entere de viva voz de los tamaños de los candidatos que aspiran a gobernar a un país, más allá de discursos populistas, cliches repetidos hasta el cansancio, posturas de perdonavidas y sueños de mesías.

Valora este artículo
(0 votos)