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Desde San Lázaro. El dilema de los priistas. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

04 Mar 2019
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Toda crisis representa una oportunidad  y el PRI no escapa a este proverbio, ya que vive el momento más difícil de su longeva historia luego del estrepitoso fracaso en las elecciones del pasado 1 de julio, sin embargo, puede resurgir de sus cenizas como el ave Fénix.

Los primeros 100 del gobierno de López Obrador ha sido un catálogo de pifias y decisiones erróneas que han causado una enorme decepción en sectores de la población que votaron por el tabasqueño y claro un grave daño al país.

El impacto negativo se refleja ya en las perspectivas de crecimiento del país, así como el deterioro del tejido social y, los más grave, la enorme polarización social.

Estos factores y otros tantos, colocan a los partidos de oposición, los vigentes y los que eventualmente obtendrán su registro como tales ante el INE, como auténticos contrapesos y verdaderas opciones de cambio, por ello el PRI está ante una invaluable oportunidad de reinventarse con renovados aires  democráticos y sobre todo, erradicando de sus filas a los militantes corruptos que tanto daño les ha causado.

Claro, recomponer el entuerto no es nada fácil, sobre todo porque al Revolucionario Institucional, le cuesta trabajo caminar estando huérfano, aunque revivió con la aparición de Enrique Peña Nieto en 2012, después, por ese mismo efecto, entre otros factores, se despeñó.

Ahora, la dirigencia que comanda Claudia Ruiz Massieu, enfrenta todo tipo de embates, para convocar a elecciones abiertas y democráticas, lo que representa un reto inédito ya que nunca el PRI lo ha hecho, en virtud de que, ya por el efecto del primer priista del país, ya por los sectores que lo conforman, lo cierto es que no está en su ADN la democracia interna.

De hecho, en el tipo de elección que definan, estará el éxito de la misión. Si escogen el método tradicional en donde los liderazgos de siempre, se pronuncian por un candidato, están perdidos, pero si entienden el reclamo de los priistas y de la sociedad de llevar la elección a un proceso abierta a militantes y simpatizantes con la égida del INE, otra cosa se avizora.

Debe ser una elección netamente democrática y no otra simulación.

Con el retiro de José Narro de la UNAM, como académico, luego de 4 décadas de servicio y el deseo de competir por la presidencia nacional del PRI, se conforma la tercia que más oportunidades tiene para ganar y para comandar una nueva era del tricolor.

El prestigio del ex rector no está a discusión, ni tampoco sus capacidades, al igual que la de sus adversarios políticos: Ivonne Ortega y Alejandro Moreno Cárdenas, empero, veremos cuál de los tres tiene la capacidad de mover conciencias entre sus correligionarios y sobre todo, cual es capaz de estar a la altura de la coyuntura política.

En los tres hay fortalezas y debilidades, experiencia y tropiezos, relaciones y compromisos, sin embargo, está entre los priistas dilucidar quién es el mejor preparado para encabezar un movimiento de oposición responsable,  con convicción y carácter para servir de real contrapeso a  la 4T.

Si hay un partido que ha construido instituciones sólidas que le ha dado viabilidad al país, es el PRI y ahora debe enfrentar a Andrés Manuel López Obrador, quien tiene la intención de desaparecer muchas de ellas, así como todos los programas sociales que se crearon para atender a los sectores de la sociedad más desprotegidos e impulsar los de él, cuya intencionalidad es más bien electoral.

En esta premisa está inmersa la definición del perfil del próximo presidente de los tricolores.

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